La educación es la única arma para combatir las injusticias, las desigualdades y la discriminación

viernes, 21 de mayo de 2021

POCO ANTES DE QUE DEN LAS DIEZ




Acabar con las desigualdades entre hombres y mujeres fue uno de los objetivos planteados para el nuevo milenio.

En España desde el final de la dictadura y con el comienzo de la democracia, el sistema educativo ha ido incorporando, poco a poco, medidas importantes para paliar las desigualdades existentes entre el alumnado de diferente sexo.

La legislación franquista (1939-1975) prohibía la escolarización conjunta de niños y niñas, siendo la Sección Femenina y la Falange las que asumieron la educación de las niñas que eran formadas para ser buenas madres, esposas e hijas; debían cuidar de su casa y de su familia y cumplir el ideal patriótico y cristiano, a través de asignaturas como Formación Política o Enseñanzas del Hogar. Por supuesto, este tipo de asignaturas siempre debía ir ligadas a la tradición católica y la maestra debía estar muy formada en estas disciplinas.

Aún recuerdo aquellos años en el colegio de Villa Jovita. La mañana empezaba en la puerta del centro, único lugar donde se cruzaban nuestras tímidas miradas con los niños de la otra clase, y donde mientras se izaba la bandera, cantábamos el “Arriba España” y en ocasiones el “Cara al Sol”.

La jornada escolar se desarrollaba entre la mañana y la tarde, pero el sábado de mañana también se consideraba lectivo. Ese día nuestra maestra se dedicaba de lleno a preguntar el catecismo, a contarnos la Historia Sagrada y a rezar el rosario. Nosotras, mientras tanto, hacíamos nuestras primorosas labores de vainica y punto de cruz, adormecidas con el relato religioso y las letanías del Ave María. El castigo de no memorizar cada uno de los rezos obligados era temido por todas. Yo llegué a escribir hasta cien veces el Misterio de la Santísima Trinidad, oración que aún conservo en mi memoria con amargo recuerdo.

Esta educación machista perdurará hasta La Ley General de Educación de 1970, en la que se establece un currículum generalizado para niños y niñas en la EGB, consiguiéndose así una educación homogénea y mixta hasta los 13 años. 

 

      COLEGIO VILLA JOVITA. AÑO1963

Al instituto se ingresaba con diez años para hacer el primero de bachillerato, que duraba seis años, hasta el sexto curso, y se terminaba con el PREU. Más tarde se modificó al Curso de Orientación Universitaria(COU), obligatorio para acceder a la universidad.

En esos años yo hacía el bachillerato en el llamado ahora IES Siete Colinas y que entonces era el único instituto público que había en Ceuta. En el mismo edificio estábamos separados los chicos de las chicas por una puerta que hacía de muro de contención infranqueable y que si alguien se atrevía a traspasar era sancionado sin piedad. Solo nos veíamos con los chicos a la entrada, cuando todos juntos antes de entrar, rezábamos en el patio, y a veces, a través de las ventanas, cuando ellos hacían Educación Física. Aún el bachillerato estaba marcado por leyes que ponían de manifiesto cuál era el papel de la mujer en esa sociedad machista. La Religión, la Educación Física, la Formación del Espíritu Nacional y las Labores del Hogar eran asignaturas evaluables y que tenían un marcado carácter femenino para asegurar cuál sería nuestro papel en la edad adulta.

El uniforme obligatorio que nos hacían llevar, ya marcaba las primeras diferencias. Nosotras, falda gris con camisa blanca y rebeca gris y ellos, pantalón y camisa del mismo color que nosotras. La falda debía estar por debajo de la rodilla y nunca ajustada a nuestro cuerpo. La profesora de Lengua y Literatura era la responsable de censurar el tamaño de la falda y se responsabilizaba de nuestra educación, siempre sujeta a su moral católica y a los Principios del Movimiento. En su discurso diario siempre estaba el recordarnos que debíamos ser “señoritas” y que nuestra reputación dependía, en gran medida, del tamaño de nuestra falda. Cuando salíamos al estrado, ella nos observaba para comprobar si todas las normas establecidas se cumplían a rajatabla. En alguna ocasión, bajó de un tirón el dobladillo de alguna compañera, al comprobar que su falda mostraba sin pudor sus hermosas piernas.

En la clase de Literatura, las escritoras brillaban por su ausencia, solo recuerdo que se estudiara a Santa Teresa de Jesús y a Rosalía de Castro y de pasada se nombraba a Fernán Caballero (Cecilia Böhl de Faber), pero no creo que se nos dijera que era el pseudónimo de una mujer que se ocultaba bajo ese nombre para que sus novelas fueran consideradas. La Historia de la Literatura en España comenzaba por el Mester de Juglaría y el Mester de Clerecía de la Edad Media, pero nunca llegábamos a estudiar a fondo la Generación del 27, según la profesora por falta de tiempo para llegar a finalizar el temario y según descubrimos más tarde porque esos autores no compartían la ideología que defendía la España fascista.




INSTITUTO FEMENINO AÑO 1971-6ºBACHILLER

Mi entrada en la Escuela de Magisterio en el año 1973 ya estuvo marcada por los primeros cambios. El Plan universitario de 1971 nos obligaba a acceder a esos estudios con COU y la enseñanza era mixta. Por primera vez en mi vida de estudiante, iba a compartir el aula con chicos extraños que solo conocía de la puerta del instituto. Nuestro comportamiento en clase no se diferenciaba para nada al de nuestros compañeros. Se nos permitía fumar dentro del aula de igual forma que a ellos, no había censura en cuanto a la forma de vestir, a las relaciones de noviazgo que se establecieron, ni a la forma de participar en las diversas actividades que se llevaban a cabo. Sí había algunas diferencias aún relacionadas con asignaturas como la Educación Física o la Formación Política que se hacían separadas por sexo, nosotras con una profesora y ellos con un profesor para asegurar así que nuestro rol femenino no corría riesgo. En nuestra vida personal las cosas eran distintas, aún existían normas diferentes según fueras chico o chica: la elección de una carrera universitaria, o las relaciones con una pareja tenían aún un marcado carácter discriminatorio ya que todavía había que llegar a casa antes de que dieran las diez. Este fue el título que Serrat le dio a una canción en la que se describe, con mensaje irónico, todo lo que una chica puede hacer antes de esa hora y cumplir con la norma establecida.

Mi estreno como docente coincidió con las primeras elecciones democráticas en el año 1977. En pocos años se pasó del reconocimiento de la igualdad de derechos a la creación de todo un marco legislativo en materia de igualdad de oportunidades y no discriminación.

Fue en la década de los 80 cuando se produjeron los primeros cambios en materia de igualdad. En 1983, con el primer gobierno socialista, se creó el Instituto de la Mujer como organismo autónomo dentro del Ministerio de Cultura. Fue entonces cuando se comenzaron a denunciar las discriminaciones que se estaban produciendo en el Sistema Educativo. A pesar de que la escuela era mixta, seguían existiendo elementos discriminatorios que continuaban moldeando a la mujer como ser dependiente y con pocas posibilidades de ejercer cargos de relevancia.

Los libros de textos seguían marcando claramente los roles que debían desempeñar las mujeres y transmitían una historia y una cultura sexista, sin modelos femeninos a imitar, anulando a mujeres de alta relevancia.

Yo tuve la suerte de estrenarme como maestra en un colegio donde un grupo de profesionales intentaba darle un carácter más innovador a la educación siguiendo la Pedagogía de Freinet y apostando por una escuela inclusiva donde todo el alumnado tuviera la posibilidad de desarrollar sus actitudes independientemente del sexo o de la clase social que tuviera. A pesar de esto, no nos amparaba una ley que defendiera la igualdad entre niños y niñas y todo quedaba a criterio y afinidad del docente que en la mayoría de los casos, no estaba ni formado, ni concienciado en este tema. 

 En 1990 la LOGSE, por primera vez en la legislación, reconocía la discriminación por sexos en el sistema educativo y planteaba la necesidad de cambiar la actividad educativa considerando el principio de igualdad de oportunidades entre ambos sexos. Esta declaración se recogió en los diseños curriculares marcando objetivos y contenidos con una metodología que potenciaba la coeducación. Este término empezó a sonar y en muchas Direcciones Provinciales de Educación se incluyó la figura de una persona que se responsabilizaba del tema junto con otras funciones.

La coeducación se define como práctica educativa que tiene como fin erradicar las discriminaciones y desigualdades por motivo de género y para alcanzar este objetivo es necesario educar a niños y niñas en igualdad. Para ello es preciso concienciar y formar a las instituciones educativas y al profesorado de la importancia de conseguir estos objetivos.

En los años 90 yo comenzaba mi labor como docente en Ceuta. Aquí el profesorado era altamente conservador y nada concienciado y formado en temas de igualdad. Ni siquiera el Centro de Recursos de formación del profesorado (CPR) incluía esta formación en sus planes anuales.

La mayor preocupación de los docentes era conocer la ley y poner en marcha las nuevas programaciones con los contenidos de Lengua y Matemáticas, que eran las áreas de más importancia. Los nuevos temas transversales que se incluían en la nueva ley: Medio Ambiente, Educación Vial y Coeducación, solo quedaban reflejados en una programación didáctica, que casi nunca se llevaba a la práctica y que tan solo se reflejaba en el papel, así que de nuevo la educación en igualdad quedaba relegada a segundo plano.

Los equipos directivos lo formaban, en su inmensa mayoría, los hombres del centro, que a pesar de ser muchos menos, siempre ocupaban cargos de responsabilidad. La enseñanza, en general, estaba feminizada sobre todo en los niveles más bajos (preescolar y EGB), sin embargo, eran los maestros los que se ocupaban de la dirección, la jefatura o la secretaría. La dificultad de las mujeres para ocupar estos puestos, venía determinado por dos motivos fundamentales, el inconveniente de compaginar su vida familiar y laboral y por la educación que habían recibido de que eran ellos los que debían ejercer el poder en todos los estamentos de la sociedad.

Pretender que un equipo directivo formado por hombres, en esa década, propiciara acciones que contribuyeran a una educación en igualdad para el alumnado de ese centro, era una verdadera utopía. Ya era difícil encontrar maestras comprometidas con el tema, pues mucho más difícil era la implicación de los miembros de esos equipos directivos (hombres).

Mi primer contacto de lleno con la coeducación me vino en los años 90 gracias a mi trabajo en CCOO, donde además de llevar la acción sindical de enseñanza, me responsabilicé de la Secretaría de la Mujer.



La formación que me dio el sindicato en este tema y el contacto con otras Secretarías de la Mujer a nivel estatal, me abrieron los ojos para comprobar el mundo donde había vivido hasta entonces, lleno de estereotipos machistas, así como el trabajo que quedaba por hacer. Pude conocer el avance en la que ya estaban inmersas en materia de coeducación el resto de las Comunidades Autónomas y en el punto en que se encontraban no solo los centros educativos de Ceuta, sino la sociedad en general. Fueron los sindicatos y algunos partidos de izquierda los primeros que se atrevieron a organizar las actividades del 8 de marzo, a pesar de las críticas que recibían por parte de la ciudadanía conservadora de Ceuta.


Esta formación la pude poner en práctica posteriormente cuando ejercí en el año 1998 en Tetuán en el colegio español Jacinto Benavente, con un alumnado de infantil y con una comunidad educativa poco receptiva e interesada en la educación en igualdad. Organizamos actividades, jornadas y celebrábamos el 8 de marzo con la participación las familias, aunque solo algunas madres y algunas profesoras participaban activamente en estas actividades.



La llegada del siglo XXI consolidó las bases iniciadas a finales de los años 90 y aunque queda mucho por hacer en materia de igualdad, las leyes del sistema educativo reflejan la importancia de conseguir una educación igualitaria entre ambos sexos. La aprobación de la Ley de Violencia de Género aprobada en el año 2004 afirma en la parte relacionada con la educación “El Sistema educativo español incluirá dentro de los principios de calidad de la educación y de la enseñanza las medidas que garanticen la plena igualdad entre hombres y mujeres”

A partir de estos momentos, las administraciones educativas adoptan medidas para incluir en los Planes de Formación del profesorado, una preparación específica en materia de igualdad y se nombran los primeros coordinadores/as de igualdad en cada centro educativo, con el fin de garantizar que estas actividades se lleven a la práctica y no dependan de la buena voluntad e interés de alguna profesora concienciada en este tema, como había ocurrido hasta el momento.

En el año 2008 fui nombrada directora del CEIP Vicente Aleixandre de Ceuta. El equipo directivo, a propuesta de la Dirección Provincial de Educación y con el apoyo del Centro de Formación, puso en marcha un proyecto de transformación del colegio en una Comunidad de Aprendizaje.

Esta transformación supuso incluir en todas las programaciones, unos objetivos claros para conseguir una educación en igualdad entre el alumnado. Para ello había que realizar actividades de sensibilización, formación y actuación con la participación de toda la comunidad educativa. La implicación de las administraciones educativas y el liderazgo del equipo directivo fueron decisivos para llevar a la práctica estas actuaciones. Durante la semana del 8 de marzo se realizaban múltiples actividades con las familias, el entorno próximo y el alumnado. Se instauró el “Premio Mujer Manzanera” donde se homenajeaba a una mujer cercana que destacaba por su trabajo y esfuerzo en su quehacer diario. Se organizaron charlas y desayunos con las familias para debatir temas relacionados con la discriminación de género o con las desigualdades existentes en ambos sexos. El Programa Muse de educación en valores a través del arte, apoyó todas las actividades con el alumnado, incluyendo actuaciones de concienciación en la música, el teatro o la plástica,


Muchos han sido los centros educativos, asociaciones, administraciones, sindicatos, partidos políticos … los que se han ido uniendo a la celebración del 8 de marzo, como fecha institucionaliza para la lucha de la igualdad y para visibilizar todo lo que aún queda por conseguir.

Actualmente las leyes en España recogen todas las medidas para garantizar la igualdad real entre hombres y mujeres y ya no existe discriminación legal entre ambos sexos. A pesar de esto, las desigualdades persisten en muchos ámbitos, por lo que el trabajo de los centros educativos y la implicación de las administraciones educativas es fundamental para erradicar estas desigualdades.

Muchos años han tenido que pasar desde el comienzo de la democracia en España, gracias a la lucha y al trabajo de muchas mujeres, para que los principios de igualdad quedaran reflejados y se llevaran a la práctica. A pesar de esto, la educación en igualdad no se puede garantizar sin el apoyo de la administración y la inspección educativa, sin la implicación de los equipos directivos y la formación de los docentes.

  En Ceuta, son muchos los centros implicados  en sensibilizar y formar a su alumnado en una igualdad plena entre hombres y mujeres, ya que conseguir una sociedad más  avanzada debe ser uno de los principios fundamentales de la educación como única forma de erradicar la violencia de género y construir un mundo más  justo e igualitario. 


 https://youtu.be/Xojl_7qUyRo,

enlace a la canción de Serrat Poco antes de que den las diez


 https://www.facebook.com/cepa.miguelhernandez.7/videos/126632128909393

 enlace al vídeo editado por el CEA Miguel Hernández de Ceuta-8-03-2020

 https://www.youtube.com/watch?v=bLigorJfIjM

enlace al vídeo "Doce  voces de Mujer" del IES Guadalpín de Marbella, Donde tuve la suerte de ser elegida como una de esas voces de mujer para conmemorar el Día 8 de marzo 

 


r

jueves, 11 de marzo de 2021

50 KILOS DE DOLOR


MUJERES PORTEADORAS. 8 DE MARZO DÍA DE LA MUJER.

Yousra tiene 49 años y nació en Tetuán. Durante más de 20 años ha sido el sustento de su familia, cruzando día a día la valla de la esperanza, transportando mercancías de un lado a otro de la frontera entre Ceuta y Marruecos.

 Se levantaba al amanecer para coger el taxi que compartía con otros viajeros que buscaban la suerte del día. Allí, entre el silencio de la noche, tenía que soportar el roce de algún que otro ocupante que se acercaba más de la cuenta hasta tocar sus muslos y sus senos. El trayecto entre Tetuán y la frontera podía ser un calvario, pero nada comparable con el sufrimiento que venía después. La cola de entrada a Ceuta era más llevadera porque aún sus espaldas se encontraban ligeras de equipaje, aunque se podría convertir en una pesadilla si no llegaba a tiempo antes del paso de miles de personas, que al igual que ella, cruzaban a diario para “buscarse la vida”

A las siete de la mañana ya se encontraba Yousra en Ceuta, adquiriendo las mercancías en las naves del Tarajal y cargando a sus espaldas los fardos con todo tipo de productos. El peso de estos fardos podía llegar a ser hasta de 50 kilos y si las circunstancias eran favorables podía cruzar la frontera varias veces al día y conseguir mayores ingresos.



La mayoría de las veces, se producía un embotellamiento por la avalancha de porteadoras y la policía española las trasladaban a la playa cercana a la frontera, antes del retorno a su país, Allí se mantenía a la espera del desalojo de las llamadas “jaulas”, lugar por donde se cruzaba de un lado a otro de la frontera. En la arena de la playa, apelmazadas unas con otras, sin poderse mover, cargada de mercancías y de indignación, soportaba todo tipo de adversidades, tanto por las inclemencias del tiempo: frío y levante en invierno, y sol abrasador en verano, junto con el hambre, la sed y el esfuerzo de controlar las necesidades físicas y emocionales.

Al caer la noche, hacía el último intento de transportar los kilos que encorvaba su cuerpo, aunque en muchas ocasiones corría el riesgo de que fueran requisados por la policía marroquí y el esfuerzo y el sufrimiento de tantas horas de trabajo se quedaba sin recompensa. El dinero recaudado en el día dependía del número de portes que podía hacer, así como del peso de los fardos que cargaba. Si sufría un accidente en el lado español podía tener la suerte de ser atendida, pero si ocurría en el lado marroquí su trabajo debía continuar sin atención médica, ya que un día sin trabajo, era un día sin ingresos.

Yousra ha sufrido en todos estos años todo tipo de agresiones tanto por parte de la policía española como de la marroquí. Está encorvada y su cara llena de profundos surcos reflejan el dolor de los 50 kilos que cargaba a diario. La falta de recursos económicos y las carencias educativas por ser analfabeta y desconocer la lengua de nuestro país, la hacen más vulnerable que muchas mujeres.

  Durante veinte años su vida ha transcurrido en un ir y venir a esa frontera que le abría y cerraba las puertas a su antojo. Ella no ha oído hablar de derechos, ni de discriminación, ni de igualdad de género. Solo ha escuchado a diario los gritos de la policía y los lamentos de sus compañeras ante el maltrato que recibían. Ella no sabe que a pocos metros de esa valla, existen personas que luchan por conseguir un mundo más justo y equitativo para todas las mujeres, tanto para las de dentro, como para las de fuera de la alambrada.

Ella, sin saberlo, ha sido la pionera por denunciar ante las cámaras, cansada de tanta injusticia, la situación de precariedad laboral, de sufrimiento, de maltrato y de acoso, motivada por la impotencia al ser testigo directo de la muerte de dos de sus compañeras en una avalancha, donde fueron pisoteadas y resultaron heridas muchas de ellas.

 Un año después del cierre de la frontera, Yousra añora el sufrimiento de antaño, quisiera sentirlo de nuevo, quisiera soportar el calor, el frío, la lluvia, el viento, los empujones y las avalanchas. Quisiera volver a cargar los 50 kilos que le daba de comer a ella y a su familia, porque peor que el peso de esos kilos, es el hambre que ahora les azota.




martes, 2 de marzo de 2021

 FEMENINA O/ Y FEMINISTA.

Simone de Beauvoir : No se nace mujer, se llega a serlo.




La primera vez que percibí que se me discriminaba por ser niña, fue cuando mi madre me obligaba a hacer algunas tareas de la casa y a mi hermano no, a pesar de que ambos estudiábamos en el instituto. Lógicamente, no sabía ni lo que era discriminación, ni lo que era la igualdad de género, sólo notaba que el reparto de las tareas no estaba muy equilibrado, y eso me enfurecía.

A medida que pasaron los años, esas percepciones se convirtieron en hechos consumados, tales como:  la hora de llegar a casa, la forma de vestir, la diferencia “salarial” de la propina de los domingos y ya el colmo fue cuando me dijeron al terminar el instituto que mi hermano era el que tenía que estudiar y que yo me podía quedar en casa ayudando a mi madre. Por supuesto que me negué con un rotundo NO ante tal sugerencia, y aterricé en la Escuela de Magisterio, por ser la única opción que teníamos en esos momentos. Allí ya sí que tuve ocasión de comprobar que la sociedad y las leyes de educación no nos trataban por igual, pero aún no había llegado el momento de poner en evidencia estas situaciones, ya que ni siquiera, en la mayoría de los casos, yo era muy consciente de que existían.

Vivir en una situación en que todo eso era normal, y todos los que están a tu alrededor lo ven como normal, es vivir en la normalidad absoluta, asumiendo  todas las discriminaciones que existan en ese momento, y por lo tanto, supone que no hay que cambiar nada de lo que ya existe, porque así está todo muy bien. Eso me repetía a veces mi madre cuando yo le recriminaba alguna decisión que a mí no me parecía justa, ella siempre me respondía que “ toda la vida había sido así, y que no iba a venir yo a cambiarla ahora.” No hay nada peor que ver todo como normal, porque entonces no se producen los cambios.


Esos cambios se fueron pr
oduciendo poco a poco, pero pasaron muchos años antes de darnos cuenta de que esos piropos que recibíamos por la calle y que la mayoría de las veces eran groseros y ordinarios y te hacían sonrojar en medio de la vía pública, eran una intrusión a la intimidad de la mujer. Tardamos mucho en saber que no nos correspondía exclusivamente el cuidado de nuestros hijos, atender todas las necesidades domésticas de nuestra casa y compaginarla con el trabajo que hacíamos fuera de ella.  Descubrimos muy tarde que estábamos en pleno derecho a decidir cuándo y cómo queríamos disfrutar de una sexualidad plena, que podíamos también negarnos y si nos forzaban a hacerlo, se trataba de una violación, aunque fuera el hombre al que le habíamos jurado amor eterno. Tardamos en saber que había mujeres que ejerciendo el mismo trabajo que los hombres, recibían un sueldo inferior a ellos, aunque eso era normal, ya se empezaba a luchar para cambiar esa normalidad. Muchos años tuvieron que pasar para no ver normalidad en el hecho de que un hombre maltratara a su mujer, hasta llevarla incluso a la muerte, dejando de ser una cuestión privada para pasar a una cuestión pública. Pasaron muchos años, antes de despenalizar el adulterio de la mujer, ya que hasta el año 1978 la mujer casada cometía adulterio por yacer una vez con una persona que no fuera su marido. El marido no lo cometía por yacer una o muchas veces con mujeres que no fueran su esposa, por lo tanto, un hombre nunca podía ser acusado de adulterio aunque llevara una vida escandalosa. Negar el derecho al voto a la mujer por no considerarla capacitada para ello era lo usual hasta el 19 de noviembre de 1933 que fue la primera vez que las mujeres españolas votaron, y concurrieron en las mismas condiciones de igualdad ante las urnas que los hombres, tras la aprobación de la Constitución de la Segunda República. Hasta la llegada de la democracia en España la mujer no tuvo una representación significativa en los órganos de dirección y poderes públicos, sólo formaba parte del ámbito privado o doméstico.  El porcentaje, de las mujeres en la vida política, cultural o social era mínimo. En la primera Legislatura Constituyente (1977-1979) solo hubo 21 diputadas (el 6% del total)  y hasta  la XIII legislatura que se inicia en 2019 de los 350 diputados, 164 son mujeres.




Leyendo el libro de Chimamamanda Ngozi “Todos deberíamos ser feministas” me llamó la atención cuando ella cuenta que su mejor amigo de la infancia le llama feminista, ella se dio cuenta que no era un cumplido por el tono en que se lo dijo, ya que no conocía el significado de dicha palabra. En otras ocasiones le aconsejaron que no se presentara como feminista, porque las feministas son mujeres infelices. El verdadero significado de feminismo es: pensamiento político que mantiene que ningún ser humano debe ser privado de ningún bien o derecho a causa de su sexo y exige iguales libertades y derechos para las mujeres que para los hombres. Se supone que todas las mujeres deben querer tener los mismos derechos que los hombres, y que hay hombres que comulgan también con esta ideología para conseguir una sociedad más equilibrada y justa. Entonces no se entiende por qué hay muchas mujeres y muchos más hombres que critican, rechazan y condenan cualquier actitud feminista. Se entendería más en el caso de los hombres y muchos menos en el de las mujeres.


Cuando allá por el año 1994, comenzó mi trayectoria en la lucha por la igualdad, hombres y mujeres cercanos a mi profesión y a mi edad, no compartían esta lucha, e incluso se atrevían a decirme que no tenía el perfil de una feminista porque yo parecía ser muy femenina, me arreglaba, me depilaba las piernas, y no era desagradable a la vista. Hace poco, un compañero al oírme hablar de fútbol, se quedó extrañado y me comentó que no era normal que una feminista hablara de fútbol. El perfil que muchos de ellos atribuyen a una feminista, es la de amargada, separada, frustrada, solterona, con vellos en las piernas y en las axilas, con estilo masculino y poco aseada. La falta de formación e información en este tema lleva a muchas mujeres y hombres a darle un sentido peyorativo a este término. Los hombres, en general, le dan un uso indebido porque no les interesa perder aquellos privilegios que poseen y que la sociedad les ha dado desde sus inicios, de ahí que le den a este término un significado negativo. Incluso en la actualidad, a la palabra se le ha añadido el término de nazi, formándose el acrónimo de 'feminazi y se utiliza con intención despectiva con el sentido de 'feminista radicalizada', utilizado sobre todo por la ultraderecha. En cambio, las mujeres que nos rechazan lo hacen en muchos casos, porque han sido educadas para seguir repitiendo los mismos roles que sus progenitoras, y no tienen otros modelos de mujeres que las saquen de esa normalidad en la que viven ellas y sus antecesoras. Otras en cambio, no aceptan ser feminista, no porque no crean en que hombres y mujeres seamos iguales en derecho, sino porque no necesitan ser iguales, ya que gozan de todos los privilegios que desean por encontrarse en una buena situación económica y social que no les priva de nada, y por supuesto no les interesa pensar en las demás, puesto que ya disfrutan de los derechos por los que han luchado nuestras predecesoras.



Otra cuestión sobre este tema es que en muchos casos, se vende el concepto que las feministas son machistas porque quieren hacer con el hombre lo mismo que los machistas hacen con las mujeres, es decir, quieren la supremacía de la mujer por encima del hombre. Este significado es otra connotación errónea que se le da a este término para desprestigiarlo, ganando así detractores y que abanderan todos los antifeministas por falta de formación. Este término no se llama feminismo, se llama hembrismo  (desprecio a los hombres).

Posicionarte a favor del feminismo es defender todos aquellos derechos que ahora tenemos las mujeres, gracias a la lucha de muchas otras. Continuar en esta lucha es nuestra obligación, sobre todo por todas aquellas mujeres que aún no gozan de estos derechos por vivir en países en que la cultura, la religión, la política, la sociedad…las priva de estos beneficios y porque aún en aquellos países en los que la ley nos ampara, los derechos de la mujer no llegan a ser derechos reales, sólo derechos legales.

Cualquier persona, hombre o mujer, que crea que debemos tener todos los mismos derechos, es una persona feminista, porque en la actualidad gracias a esas Mujeres que hace tiempo lucharon por ellas, y por todas nosotras, gozamos ahora de unos derechos que han contribuido a acortar la discriminación que ha sufrido la mujer durante muchos años.
 




lunes, 8 de febrero de 2021

MI ESTRENO COMO MAESTRA

 

COLEGIO VALME CORONADA: MI ESTRENO COMO MAESTRA

El colegio Valme Coronada pertenecía al denominado Plan de Urgencia de Andalucía (P.U.A). Yo formé parte de las primeras plantillas de este centro a finales de los años 70. El elevado número de alumnado, debido a la creciente explosión demográfica del momento, hizo que muchos centros hicieran el desdoble de horarios para poder atender a la gran demanda de escolares. Existían dos turnos, uno de 9h a 14h y otro de 14h a 19h. Lo normal era que el profesorado más antiguo y de más edad eligiera la mañana y los nuevos y más jóvenes nos tocó trabajar en turno de tarde.


Cuando me estrené en el primer claustro como maestra de este colegio, el punto más importante del orden del día fue la petición de curso.  El criterio para elegir era la antigüedad, criterio, que aún en estos días, sigue existiendo en muchos centros. Yo, lógicamente, era de las últimas en elegir, así que osada de mí y por mi falta de experiencia le dije al director que prefería la segunda etapa (6º, 7, 8º)   Me miró , sin saber cómo hacerme ver, que yo por mi  edad y por el aspecto que presentaba: trenzas , vaqueros y camiseta hippie, no era la maestra adecuada, puesto que el alumnado se me “subiría a la parra”.

Me dio un curso cercano a mi petición. Me quedé con un quinto de E.G.B y en septiembre del 1977 empecé a disfrutar de mi profesión. El primer día de clase, ya me tomaron el pulso para saber hasta dónde podían llegar. Pablo, el más decidido de todos, me preguntó sin dudar, si me gustaban “Las Cuatro Tetas”, calificativo que en el lenguaje nazareno (de Dos Hermanas) se le daba al pueblo donde me encontraba. El éxito de la pregunta se hizo notar y todos al unísono soltaron estridentes carcajadas que se oyeron por todo el pasillo. A partir de aquí, supe que tenía que ganarme a Pablo y a toda su legión de honor.

Los cursos eran de 30 a 40 alumnos, por lo que no era fácil atender las necesidades educativas de cada uno para garantizar el éxito. El rendimiento del alumnado de tarde era mucho menor que el de la mañana, junto con el calor en primavera y el frío húmedo en invierno, la jornada se hacía interminable. Intenté ganarme a ese grupo, realizando múltiples actividades que para ellos eran novedosas y que hacían mucho más atractivo su aprendizaje.

El 15 de junio de 1977 se celebraron las primeras elecciones en España desde los años de la II República y en agosto de ese mismo año, yo aprobaba mis oposiciones al cuerpo de maestros. Pocos meses después se percibió un cambio en todos los aspectos de la vida diaria, tanto en el sistema educativo, como en la cultura y en la sociedad en general. El 4 de diciembre, se producía la primera manifestación para reivindicar la Autonomía de Andalucía y en abril de ese año se había legalizado también el Partido Comunista en España. Hechos de gran relevancia en mi práctica docente, puesto que ponía fin a la escuela franquista en la que yo me había educado de niña y que asumí hasta cumplir los 21 años. Esa edad me permitió votar por primera vez, puesto que era la edad mínima para poder ejercer el derecho al voto. Se acababa, por fin, esa escuela que tenía un marcado carácter ideológico y religioso y que me hizo rezar a diario el Ave María, el rosario los sábados y los lunes, no faltaba la pregunta de rigor, sobre cuál era el color de la casulla del sacerdote que había oficiado la misa el domingo anterior y comprobar así, si yo había asistido a ella. La separación por sexos relegó a las niñas a una educación machista, donde debíamos cursar materias propias del Hogar y que tenían como objetivo formarnos para ejercer el rol propio de auténtica ama de casa, sin aspiración a una educación superior, a la cultura o a un trabajo remunerado.



La nueva democracia me permitió poner en práctica nuevas metodologías basadas en las primeras innovaciones educativas del momento. Existían ya en el centro, dos compañeros (Esperanza y Rafael) que me mostraron una visión distinta de la educación. Ellos habían iniciado en el colegio la pedagogía de Freinet. Se trataba de una enseñanza totalmente democrática, abierta a la realidad del alumnado y con un trabajo cooperativo y grupal en el aula, donde se debatían en Asambleas temas de interés para el alumnado, se ponía en marcha la Correspondencia Escolar con otros centros y se plasmaban en el papel el Dibujo Libre como actividad que realizaban libremente, tanto dentro como fuera del aula, y nunca impuesto. La expresión escrita se basaba preferentemente en los Textos Libres, donde no se imponía el tema de redacción, sino que ellos mismos escribían según la necesidad que experimentaban en el momento, una vez motivados para hacerlo.  Estos textos se imprimían en la imprenta de fabricación casera (imprenta de Freinet) que yo   hacía en casa en un proceso largo y complicado de mezclar: gelatina, glicerina, azúcar y agua. Cuando la mezcla se solidificaba se colocaba encima   la imagen que se deseaba imprimir una vez que se había hecho con papel de calcar. El dibujo quedaba plasmado en la mezcla y sobre ella se podían obtener varias hojas impresas ( unas 20) de la misma imagen. Así imprimíamos los textos libres y dibujos, y confeccionábamos la revista escolar. Después surgieron las multicopistas que permitían una mayor impresión de textos y hacerlo en el momento, pero la mayoría de las veces el papel se atascaba o la máquina se quedaba sin tinta.





A todas estas actividades se unía el teatro que se realizaba en la misma clase, con un decorado improvisado de papeles pintados por todos y con una ambientación grabada en cintas de cassettes con ruidos, músicas y sonidos obtenidos de fuentes diversas.

Las excursiones al campo se hacían fuera del recinto escolar, donde disponíamos de un extenso campo que colindaba con el colegio, y que solo lo separa una valla metálica que saltábamos para ponernos en contacto con árboles, pájaros y otros insectos que vivían a su gusto en ese entorno natural. Ellos disfrutaban plenamente de esas salidas porque les permitía liberarse de las letras y los números.

En esos años se mantenía el contacto con el alumnado las cinco horas que duraba la sesión escolar. No había profesorado especialista de Idioma, Educación Física, Música o Atención a la Diversidad. No existía equipo de Orientación, ni apoyos educativos. Asumíamos todas esas disciplinas dentro del horario escolar, sin disponer de medios y programándolas según te permitía el horario. La Religión se dejaba a criterio del profesorado según su cercanía al tema. En cuanto a la música, tengo que decir, que mi habilidad para tocar instrumentos musicales era nula, aunque no se me deba mal cantar, así que opté por enseñarles canciones del momento y el himno de Andalucía que empezaba a sonar en esos días.


 La formación del profesorado era muy escasa, no existían los centros de Recursos para formarnos y apenas podíamos reciclarnos en nuestra práctica educativa.  De las ganas y de la ilusión que mantenía vivo nuestro trabajo diario surgió la idea de nuestros compañeros Pedro Melara y Antonio Peña de compartir experiencias educativas fuera del horario lectivo. Organizamos unos talleres en los que cada uno, de forma voluntaria, explicaba alguna metodología, alguna experiencia educativa o alguna actividad que le había dado resultado en el aula y que podía servir para que los demás lo pusiéramos en marcha.

  Fue en Dos Hermanas, en el colegio Valme Coronada donde descubrí mi verdadera vocación. La motivación de mi trabajo venía acompañada por el cariño que me demostraba a diario mi alumnado, y a pesar de los años, aún tengo muestras de ello. El profesorado formó parte del grupo de amigos y amigas que además de compartir el entusiasmo por nuestra profesión, participábamos juntos en actividades de ocio y diversión. Las familias me acompañaron en toda mi práctica docente, colaborando en todas las actividades que demandaba su cooperación.

Veinte años después de mi primer destino, el director del colegio, y gran amigo de esos días, Pedro Romero, me propuso escribir un artículo para conmemorar el 25 aniversario de la fundación del colegio.

 En esa revista pude reflejar en pocas páginas mi agradecimiento a todos los que compartieron mis primeros años como docente. Ahora, cuando lo he vuelto a leer, han florecido de nuevo todas esas sensaciones que han inspirado este artículo.

 

 


 

 

sábado, 30 de enero de 2021

25º ANIVERSARIO C.P.VALME CORONADA

 





Este artículo se publicó en el año 1997 en una revista para conmemorar el 25 aniversario de la fundación del colegio Valme Coronada en Dos Hermanas ( Sevilla). El que era entonces director del centro y gran amigo, Pedro Romero, me escribió para darme la gran noticia que contaba con mi colaboración. Siempre le agradeceré que me diera la oportunidad de expresar públicamente, lo importante que fue para mí, ese " Mi primer destino." 


MI PRIMER DESTINO

A pesar de los años transcurridos, a pesar del alumnado que he tenido, y a pesar de los amigos que he dejado; jamás podré olvidar mis años de docencia en el colegio Valme Coronada en Dos Hermanas. Esos años han dejado en mi vida profesional y personal una huella tan profunda e imborrable que me hicieron sentir la verdadera pasión por la profesión que aún mantengo. Descubrí, a partir de aquí, que ésta es mi gran vocación.

   Siempre recordaré con verdadera añoranza mi llegada a Dos Hermanas. Era el mes de julio, acababa de aprobar las oposiciones y me habían dado mi primer destino . Hacía 40 grados a la sombra y el aire olía intensamente a aceite, olor que me sigue transportando, sin quererlo, a esa época pasada. Tenía 21 años y estaba llena de ilusiones, de proyectos y de ansias de conocer, de vivir y de aprender. Desde el mismo momento en que Paco Reina (Don Francisco) me recibió en su casa con los brazos abiertos, no como director del centro, sino como un amigo, supe que comenzaba una nueva etapa en mi vida.


                        (jubilación de Paco Reina, director del centro)

  La calurosa acogida de Paco Reina fue el precedente de las afectuosas acogidas que vinieron después. El pueblo me envolvió en una grandiosa hospitalidad y el colegio me abrió de par en par sus puertas para ofrecerme lo mejor de él: la dulzura y el cariño incomparable del alumnado, la entrañable bienvenida de padres y madres y la sincera amistad del profesorado. Amistad que, con el paso del tiempo, aún perdura y permanece en mi mente como recuerdo de los ocho años que pasé en ese centro.

Este colegio ha supuesto para mí, la ilusión, la amistad, la diversión, el cariño, y sobre todo,  la realización plena como profesional de la enseñanza. Jamás olvidaré las vivencias que tuve como maestra en aquel lugar, ni el calor que recibí de su gente.

En estos momentos en que el colegio cumple sus veinticinco años, tengo la oportunidad de agradecer a través de estas líneas a todos los que de alguna manera contribuyeron a hacer tan satisfactoria mi estancia allí. GRACIAS a las familias que tanto colaboraron conmigo. GRACIAS al alumnado que tanto me enriquecieron con sus inquietudes. GRACIAS a mis compañeros y compañeras que tanto me ofrecieron y GRACIAS a ti Luis, conserje de este colegio que siempre me recibía con una permanente sonrisa.

 GRACIAS DOS HERMANAS, GRACIAS VALME CORONADA.

(Abril 1997)

  

Alumnado de 5ºde EGB de Valme Coronada-1978



viernes, 15 de enero de 2021

NO ELEGÍ SER MAESTRA.

 

COMPARTIENDO MEMORIAS.

Yo formé parte de la segunda promoción que accedió a Magisterio con COU. Durante todo el año que duró el curso, mis planes de futuro eran estudiar enfermería o hacer Bellas Artes. Nunca pensé que la realidad estaría bastante alejada de mis proyectos. Cuando llegó el mes de junio y le propuse a mi padre mis intenciones de estudiar fuera de Ceuta, este me dijo que la situación económica de la familia solo daba para estudiar Magisterio en mi propia ciudad. Así que, mis proyectos se esfumaron y  aterricé  en la Escuela Normal de Magisterio en el curso 73-74.

Mis amigas y yo hicimos todo el bachillerato en el único instituto público que había entonces, y que separaba a los chicos de las chicas por un pasillo que dividía el centro en dos partes, el instituto femenino y el instituto masculino, con una puerta de unión entre ambos centros. Solo se nos permitía ver a los chicos a la entrada, en el recreo por las ventanas, y a la salida del instituto. Muchas veces, esperábamos impacientes la clase de Educación Física para observar a través del cristal de la ventana, cómo los chicos hacían su actividad deportiva y buscar así, entre todos ellos, aquel que más nos gustaba.

Al entrar en Magisterio vimos que, por primera vez, chicos y chicas íbamos a compartir un aula común, compartiendo espacio, tiempo y las mismas inquietudes e intereses. Nos sorprendió ver que había muchos chicos que no conocíamos y que jamás lo habíamos visto en los alrededores del instituto, ya que muchos de ellos venían de otras ciudades de Andalucía. Era la primera vez en mi vida de estudiante en la que iba a compartir espacio con el sexo masculino y dada mi excesiva timidez, supuse que esto sería el gran inconveniente que tendría que soportar en los tres años que duraran mis estudios.

No me equivoqué en mi suposición, ya que los primeros días se llenaron de miedos e inseguridades, producto de una educación feminizada durante siete años de instituto y cinco de enseñanza primaria. Cuando vimos entrar por primera vez, a don Jaime Rigual, director del centro y profesor de Matemáticas, supe que sería mi perdición. Su clase era a última hora de la noche y siempre llegaba tarde, con prisa y con un puro en la boca. Cogía la tiza y llenaba la pizarra de operaciones matemáticas. Yo sabía que, en cualquier momento, uno de nosotros subiría al estrado para continuar lo que él había empezado. Durante el tiempo que duraba su clase, mis manos sudaban y el corazón se me aceleraba tan solo de pensar que me sacaría a la pizarra y pudiera hacer el ridículo delante de tanto personal masculino. La ansiedad se disipaba cuando don Jaime salía por la puerta y teníamos los cinco minutos de descanso entre clase y clase, que nos permitía salir al pasillo, beber agua del botijo que estaba en la ventana y que Julia, la conserje, llenaba con mucho mimo, fumarnos el deseado Ducados y cargar energías gracias a los chistes y bromas que nuestro desaparecido compañero Andreu,  y Damián Viruel, hacían de todo lo que había acontecido en el día.



 Las chicas recuperábamos nuestro espacio femenino cuando nos separaban en la clase de Educación Física que nos daba la profesora Luisi y los chicos se iban con Enrique Hernández. Lo normal era que ellos se dedicaran a jugar al fútbol y a otros deportes y nosotras hiciéramos la habitual tabla de gimnasia propia de nuestro sexo. Los campeonatos deportivos en Granada ponían el broche de oro a la escasa actividad deportiva que hacíamos, pero que permitieron a alguna de nosotras establecer lazos afectivos y sentimentales con algún compañero que en la clase habitual solo daba para algún que otro roce y algún que otro guiño. Aunque la mayoría de las veces veníamos con grandes derrotas de los partidos, también regresábamos repletos de nuevas experiencias por haber convivido fuera del aula y de la ciudad con nuestro propios compañeros y compañeras.


 La clase de Formación Política que daba Terele era otro respiro para las de nuestro mismo sexo, ya que la formación social y ciudadana que se esperaba de las futuras maestras distaba mucho de parecerse a la de los futuros maestros, así que volvían a separarnos. En el curso 73-74 aún recibíamos la formación política que se regía por la dictadura franquista, una formación machista basada en los Principios del Movimiento y que relegaba a la mujer a un segundo término, donde la sexualidad era un tema tabú y la procreación y la vida de casada era nuestro verdadero fin. Por ese motivo, estábamos poco habituada a hablar entre nosotros del tema sexual. Nos avergonzaba y nos producía cierto sonrojo.  

 La apertura nos llegó con la llegada de la auxiliar de conversación francesa Marie Claire, que utilizaba una metodología muy innovadora en ese momento, basada en escuchar música, en mirar y leer revistas donde el desnudo era habitual y ver alguna película poco frecuente en nuestro entorno. Marie Claire no entendía muy bien el humor español y cuando nuestro compañero Fede Palomo le cantaba la canción del anuncio de pantis”Marie Claire, Marie Claire, un panty para cada mujer” Ella nos miraba como diciendo que no entendía nuestras exageradas risas.  Fue en una de esas revistas, que trajo Marie Claire, donde vi por primera vez el desnudo de un hombre de cuerpo entero y en todo su esplendor. Me ruboricé hasta las orejas, sobre todo al comprobar que compartía la misma imagen con mi compañero Pepe Gaona que sonrió al verme del color de la amapola. Todo aquello fue el inicio de unas pequeñas dosis de apertura hacia el sexo contrario y que nos permitió desinhibirnos, en parte, de todos los prejuicios propios de nuestra edad y de nuestro sexo, producto de la situación política y cultural que se vivía en esos años.

 El bar Avenida, cercano a Magisterio en la bajada de la cuesta del Morro, era el punto de encuentro de algunos de nosotros. Otros, solo los chicos, se iban al bar Sardinero, el bar de la esquina que estaba repleto de hombres mayores que con la copa de anís El Mono y el coñac Terry mataban el tiempo jugando al dominó y ellos les acompañaban. Cuando entrábamos al bar Avenida, el humo del Coronas y Ducados junto con la música de Serrat, Juan Pardo, Mocedades, Manolo Galván…etc, que sonaba en la máquina de discos, envolvían el ambiente y lo convertían en un lugar muy especial para todos nosotros. Allí repasábamos apuntes, preparábamos exámenes,  debatíamos de  temas actuales e incluso se hacían declaraciones de amor.

 Cuando terminamos primero, se habían esfumado todos los temores, los miedos y los prejuicios hacia el sexo contrario, gracias a todos los momentos que habíamos compartido y todas aquellas actividades que habíamos organizado: desde teatro, pases de modelo, recital de canciones, fiestas discotequeras en la Cueva, El River o el Arco Iris, sin olvidar las chirigotas carnavalescas, creadas por nuestro compañero gaditano Antonio Cárdenas, que nos inculcó el gusanillo del carnaval e incluso le escribió alguna letrilla a don Jaime Rigual y que cantábamos por los pasillos en voz baja para que no nos oyeran.

 La culminación de las relaciones entre el grupo llegó con el Campamento que nos obligaban a hacer a todos los que hacíamos Magisterio y que por primera vez se llevó a cabo con todo el grupo, sin separarnos de los chicos, por iniciativa del profesor de Formación Política don Manuel Calvo Perseguer, que por su talante decidido confió en que debíamos empezar a convivir chicos y chicas fuera de nuestro entorno habitual. Decidieron llevarnos a todos al campamento Santa María Del Buen Aire de San Lorenzo de El Escorial.

  La mayor y la mejor experiencia que tuvimos todos los de mi promoción fue pasar quince días en un campamento donde pudimos relacionarnos, no solo con estudiantes de Ceuta, ya que compartimos espacio también con chicos saharauis, otros de Melilla, de Madrid y un grupo de chicos ciegos. En el campamento nos separaron. A las chicas nos pusieron en un albergue y a ellos en tiendas de campañas cercanas a nosotras. Hacíamos actividades conjuntas al aire libre. Lo mejor de todo eran las noches, con los fuegos de campamento que compartíamos todos al ritmo de guitarras y canciones que agarrados de la mano coreábamos, sin importarnos la edad, ni el lugar de procedencia. Algunas veces nos llevaron a visitar el Escorial, allí aprovechábamos para ir al “Ojo Izquierdo” la discoteca del pueblo que nos permitía achucharnos y regalar algún que otro beso al chico deseado.

 Aún al cabo de tantos años, sigue perdurando en nosotras todas aquellas primeras sensaciones vividas en ese campamento, y siguen en el recuerdo muchas de las personas que conocimos y que dejaron su huella a pesar del tiempo que ha pasado.

Yo NO ELEGÍ SER MAESTRA, pero después de 42 años de ejercer esta profesión, puedo asegurar que mi trabajo como docente me ha dado grandes satisfacciones. He ejercido en todas las etapas de la enseñanza, desde infantil hasta adultos y he desempeñado diversas funciones en los distintos centros docentes donde he trabajado. El contacto con mi alumnado me enriquece y me estimula para seguir en esta difícil tarea que es la educación.

 Este relato fue publicado en el libro COMPARTIENDO MEMORIAS: 85 AÑOS DE MAGISTERIO EN CEUTA, publicado por la Facultad de Educación, Economía y Tecnología de Ceuta.



Doña Constanza, antigua profesora de La Escuela de Magisterio, profesora de música.