CRISIS MIGRATORIA DE CEUTA, 30 DE JULIO 2026
EL VERANO QUE NUNCA EXISTIÓ.
El 29 de julio cumplí un año más y , ese día, aún no se percibían señales de lo que iba a ocurrir en apenas veinticuatro horas , por lo tanto, celebré que la vida seguía regalándome buenos momentos.
El día 30 amaneció con levante flojo, ideal para disfrutar de una mañana en mi playa Benítez. Esta playa está cerca del Ceti y de la playa del Trampolín, llamada así porque los militares construyeron un trampolín de hierro cuando en los años 70, ellos tenían privatizadas con casetas, gran parte de la bahía norte, para uso exclusivo de los oficiales y su familia.
Absorta estaba con mi lectura cuando observé que poco a poco la playa era ocupada por bañistas, nada usuales, que iban ocupando sombrillas y arena. En un principio , me quedé sorprendida pero, a medida que pasó el tiempo, el paseo y la playa se transformó en un desfile continuo de chicos, mujeres y menores descalzos y mojados , que se dirigían desesperadamente hacia el Ceti. De la sorpresa pasé al miedo, al comprobar que el resto de las personas que frecuentaban conmigo esa playa, recogían sus bártulos y con cara de temor la abandonaban para dirigirse a sus casas. Hice lo mismo que ellos, y en la arena solo quedaron personas vestidas y mojadas reponiéndose del cansancio de la aventura a nado.
A partir de esos momentos empezaron las llamadas de teléfono, los mensajes de whasats, la información en redes sociales y medios de comunicación. Miles de inmigrantes, en su mayoría marroquíes, estaban cruzando a nado la frontera del Tarajal y buscaban a la carrera el centro de inmigrantes para poder instalarse. Del miedo pasé a la inseguridad por la amenaza de perder todo aquello que suponía mi vida, mi familia, mi casa, mis amigos y mi ciudad natal. Recordé la Marcha Verde del 6 de noviembre en la que el gobierno marroquí utilizó a civiles para invadir el Sáhara español. Estábamos viviendo una verdadera avalancha de inmigrantes y no sabíamos qué trascendencia tendría en nuestra vida futura.
Lo primero que se me ocurrió, sin ser consciente del número de personas que se agolpaban en mi calle, fue buscarles ropa y agua para poder satisfacer la primera necesidad que demandaban. Al comprobar que cada vez eran más , desistí por temor a que se abalanzaran sobre mí y ocurriera algún incidente.
Al caer la tarde, ya teníamos los datos suficientes para saber que lo que estaba pasando ,había superado en número a lo ocurrido en el 2021. Más de 80.000 inmigrantes habían cruzado la frontera a nado y a pie, atravesando la valla abierta de la frontera, ante la mirada descuidada y sin control de la policía marroquí .Ceuta en menos de 24 horas se convirtió en otra ciudad, una ciudad amenazada, insegura, atemorizada y con miles de visitantes desesperados , con hambre y despojados de todas sus pertenencias. Una ciudad de 19km cuadrados y alrededor de 84.000 habitantes, vio como se duplicaba la población en pocas horas. Sus jardines, parques, calles, playas, montes , barrios y aceras eran ocupados por miles de personas extrañas, a la búsqueda de un futuro incierto.
La oscuridad de la noche agranda el miedo. Esa noche el miedo no solo fue por la oscuridad sino por el temor a que miles de personas desconocidas que se habían instalados en la playa Benítez y en la puerta de mi casa, se descontrolaran demandando comida y cama. Esa noche, Ceuta no durmió, esa noche, el sonido imparable de sirenas, voces y lamentos despertaron en mí muchos sentimientos encontrados, el del rechazo hacia todas esas personas que impedían mi descanso y el de la tristeza por el sufrimiento que ellos también estaban viviendo. Mujeres con hijos pequeños, jóvenes y adultos dormitaban en el parque infantil frente a mi terraza, por lo que era imposible desviar la mirada y fingir que nada había pasado. Aseguré la puerta con llave y silla, cerré ventanas con postigos y persianas y apreté mis ojos para que no se abrieran en toda la noche, deseando que al día siguiente, todo hubiera vuelto a la normalidad y el rumor del mar aliviara mi angustia.
Al despertar, me asomé a la terraza y comprobé que nada había cambiado, cientos de chicos dormitaban frente a mi casa, en la arena de la playa , en las aceras y en el parque. La alarma social aumentaba por momentos, aunque las noticias informaban que más de 40.000 personas habían regresado a su país por iniciativa propia, pero el resto seguía deambulando por la ciudad.
Entre los vientos de poniente y levante llegó el mes de agosto con un calor intenso. Tuvimos que permanecer en casa, viendo cómo nuestras playas estaban invadidas. Al atardecer, buscábamos el fresco de los parques y jardines para sofocar el calor y para que sirviera de juego y desahogo de niños y mayores. Los bancos, las zonas verdes, columpios y toboganes eran utilizados y ocupados por los nuevos inquilinos. La feria de agosto quedó suspendida ante el temor de una falta de control y de seguridad , los planes de futuro quedaron en suspense, muchas vacaciones se vieron interrumpidas, los empresarios sufrieron con angustia cómo sus negocios se cerraban, se saqueaba los artículos o se robaba, las colas eran interminables en las puertas de los pequeños comercios o de las grandes superficies para adquirir los alimentos necesarios , con graves consecuencias para los propios ceutíes que vieron como se agotaban alimentos de primera necesidad, como el pan o la leche. Se difundieron los rumores de la aparición de enfermedades como la tuberculosis y la sarna , por lo que el miedo al contagio alertó aún más a la población. El hospital y centros sanitarios se vieron colapsados por la demanda de tantos inmigrantes con heridas, roturas, y otras enfermedades , por lo que los servicios de urgencias no podían atender tantas necesidades por la falta de personal . El descontrol se apoderó de la ciudad y la estampa que se mostraba era de indignación y rabia ante la falta de medidas por parte de las autoridades competentes, para solucionar el problema.
Comenzaron las primeras manifestaciones convocadas por la ciudadanía. Miles de ceutíes salieron a la calle para solicitar ayuda del gobierno central , demandando la expulsión de todas aquellas personas que habían entrado de forma ilegal a nuestra ciudad. El ejército salió a la calle para reforzar a guardias civiles y policías. Se instalaron en la puerta de los supermercados , recorrían calles de toda la ciudad de día y de noche. La sensación de que la ciudad había sido tomada por Marruecos no dejaba de aflorar en cada uno de nosotros y la impresión de vernos rodeadas de fuerzas de seguridad y de marroquíes, nos mostraba una imagen hasta ahora desconocida, semejante a la del estallido de una guerra.
Con la llegada de septiembre, el desánimo y la desesperación afloró en la mayor parte de la población. La información de que el gobierno central nos había abandonado y que la prioridad era atender las necesidades de los inmigrantes por encima de los ceutíes generó tanta rabia que se convocaron múltiples manifestaciones a través de las redes sociales y muchas de ellas se llenaron de ira, violencia, odio, indignación y desilusión. Hubo enfrentamientos entre los propios ceutíes, entre cristianos y musulmanes, entre los defensores de la solidaridad y los que la rechazaban, entre distintos representantes políticos y entre ideales diferentes. Un pueblo dividido, pero unido por una misma causa, recuperar la normalidad robada a cualquier precio.
El día 2 de Septiembre no pudimos celebrar el Día de Ceuta como en años anteriores, pero más de 30.000 personas llenaron las calles de nuestra ciudad , todos unidos , sin diferenciarnos por ideas políticas o religión, reclamaron seguridad y normalidad. Ese mismo día toda España nos mostró su apoyo y solidaridad ,manifestándose en la puerta de todos los Ayuntamientos desde lo pueblos más pequeños a las ciudades más grandes. Ese gesto nos dio fuerza para seguir luchando y conseguir que nuestra ciudad volviera a ser la del mes de julio, una ciudad en la que nuestros niños y niñas disfrutaban de vacaciones, playas, parques, jardines, cumpleaños y juegos , donde los adultos paseábamos sin miedo por nuestros barrios y alrededores, íbamos a trabajar con seguridad y disfrutábamos de la cultura y del ocio propios del verano
A mediados de septiembre acotaron un trozo de la playa Benítez y pusieron cuatro guardias de seguridad para que ningún inmigrante pudiera pasar, y que los vecinos de la zona pudiéramos disfrutar de ese trocito de mar con tranquilidad. La mirada cercana a la playa del Trampolín donde acampaban miles de personas en condiciones lamentables despertaba en mí, muchas sensaciones contradictorias y en ocasiones me impidieron gozar del baño tan deseado de ese verano y que pronto llegaría a su fin.El verano del 2026, quedará siempre en mi recuerdo, como el verano que nos robaron nuestras vacaciones, nos privaron del disfrute de la playa, de la feria, del olor a mar, de nuestros bonitas puestas de sol, de los conciertos a la luz de la luna, del contacto plácido y relajado con nuestra familia y amigos . Lo recordaré como los meses del miedo, de la inseguridad, de la desilusión, del abandono y de la tristeza, como el verano que nunca existió.
Queremos que nuestra ciudad vuelva a ser como cualquier otra ciudad española, con una frontera que nos asegure un futuro cierto para nosotros y nuestros descendientes .No queremos seguir con la amenaza y el miedo, no queremos que continuamente se cuestione la españolidad de una ciudad que desde 1668 pertenece a España, no queremos ver cómo aparece la desunión entre las distintas culturas, como el racismo se alimenta de nuestra desgracia y cómo se aprovechan los partidos políticos de nuestro sufrimiento. Queremos seguir viviendo y disfrutando de nuestra ciudad, una ciudad que nos ha visto nacer, crecer y vivir.
Yo quiero, al levantarme, mirar por la ventana y comprobar que mi playa ha recuperado su belleza y me sigue regalando diariamente su brisa, su cielo, sus vientos de levante y poniente, sus olores, y sus diversos colores.
Ceuta a 30 de septiembre del 2026..
Escribir alivia la angustia, escribir aleja las penas, escribir ayuda a dejar constancia de que todo lo que nos pasa, no cae en el olvido.







